Callejón de las historias

El sueño de la mariposa, de Tzu, de unos cuantos chicos…


Chuang Tzu fue un filósofo chino, proveniente de la escuela taoísta, que vivió en el siglo cuarto y tercero antes de Cristo. A continuación les proponemos la lectura de un microrrelato de su autoría.

Sueño de la mariposa


Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu.

Los chicos de segundo año tomaron este texto y elaboraron algunas versiones sobre lo que pudo haber ocurrido con Tzu y su sueño. Les presentamos una de esas versiones.




María, la mucama de Chuang Tzu, había invitado a una amiga que hacía mucho tiempo que no veía. Ese día hablaron de muchas cosas, pero María quería contarle algo en particular.
- ¿Qué sucede, María? ¿Algo te incomoda? - preguntó Josefina (ése era su nombre) un poco confusa.
- Desde hace días que aquí pasan cosas raras- contestó inquieta.
- ¿Por qué lo dices?
María miró para todos lados, luego miró a Josefina y le dijo:
- “Chuang Tzu soñó que era una mariposa y no sabía al despertar si era un hombre que había soñado ser una mariposa o una mariposa que ahora soñaba con ser hombre”.
- ¿Y eso qué tiene de raro?- Dijo sin entender -. Yo no le veo nada de raro.
- Lo raro es que después de eso, el señor Chuang Tzu escondió debajo de esa ropa que él usa, unas hermosas alas de un color muy llamativo… no sé si me estoy volviendo loca pero yo las vi.
- Quizás sea real.
Dicho esto Josefina abrió unas alas color púrpura y se fue volando por la ventana, dejando a María sola y desconcertada.

                                                                                                                              Verónica Nuñez


Otro cuento (sin título)

Un día me convertí en madrina de un bebé muy bello…
Todo comenzó en el desierto; había mucha arena y yo… estaba buscando almas para mi “recolección”.
En ese momento, encontré a un hombre que iba a morir, y estaba preocupado porque no conseguía un padrino para su hijo…
Yo le dije que era la persona indicada para ese papel porque un padrino rico le daría riquezas y un sabio, le daría sabiduría, pero Yo, como era la Muerte…no podría ser vencida por nadie, ya que a todos, con poder o no, les llega la hora…
Y así… pasaban los años, el hermoso bebé, se convirtió en un bello hombre. Ante mi reclamo, se recibió de Doctor, así amparaba a las familias que necesitaban sus cuidados.
Un día cometí el error de darle una “yerba de vida”; con esa hierba, podría hacer que la persona más enferma se recuperara y que las muertas, resucitaran…
Se preguntarán por qué dije que cometí “un error” al darle la hierba de la vida…
Un día, llamaron a mi ahijado para que curara a un hombre muy grave…
Él recordó que yo le había dicho que sólo en casos muy graves debía usar la hierba
Milagrosa… Él siguió adelante, hizo hervir una hojita…Le dio al hombre el agua y le aseguró que para el día siguiente, ya iba a estar bien de salud.
Yo esperaba el alma del hombre; pero como mi ahijado se había enamorado de su hija, le salvó la vida , para mantenerla feliz…
Entonces, tuve que decirle que le quitaría la yerba, si volvía a cometer otro error como ese.
Él, diariamente se encontraba con la joven hasta que se quisieron comprometer…
Pero su Amor era imposible porque el padre de la chica no quería ese novio para su hija, ya que sabía que era el hijo de La Muerte…
Una tarde, ya casi anocheciendo, informaron que Ella se había enfermado muy gravemente y Él fue a verla…
Él le quiso dar la yerba pero llegué yo y entonces, lo llevé a la cueva.
Allí había muchas velas: chicas, medianas y grandes…
Yo le dije a mi ahijado:
-Las velas son la representación de las personas, y la luz, su vida…
Cuando la vela tintinea, la persona va a morir y, justamente, la de tu amada, está tintineando…La tuya, querido hijo, es como el sol que nunca se va a apagar porque eres como un hijo para mí…
Él me dijo:
-Prefiero morir que vivir sin ella, te doy las gracias por quererme tanto, pero yo la amo demasiado…
Le respondí:
-No la puedo ayudar querido mío, pero sí puedo apagar ambas velas al mismo tiempo, y además, sus velas las pondré en un lugar sagrado.
Él me dio el sí y así fue…
Era la primera vez que veía morir a alguien y me dolió mucho el ausente corazón mío…
Yo estoy en la vida sola…
De nuevo, recordando a mi bello hijo…


La venganza del Proyecto 0

Los chicos de primero empezaron el año trabajando con el ya famoso “Proyecto 0”. Luego de haber leído el cuento “La venganza”, se les propuso que imaginaran un diálogo entre la araña y la señora. He aquí una de esas interesantes producciones.

Despertó por los movimientos del plumero sobre ella y su tejido. “¡Esto no puede seguir así!”, pensó para sí misma.
- Disculpe – dijo a la mujer. Esta última volteó a todos lados para ver quién le había hablado.
- Aquí- llamó la araña.
Finalmente la encontró, titubeó y dijo:
- Mmm… ho…la…   
- Hola, quería pedirle algo: ¿Podría dejar de hacer eso?
- ¿Hacer qué?
- Destruir mis tejidos.
- Tendré que pedirle que me disculpe porque no puedo. Las telarañas no quedan bien en una casa.
- Pero no tiene idea del trabajo que representa hacer una: la ardua labor, los nudos, las vueltas.
- Le repito: no puedo hacerlo, no es presentable para mi casa.
- Ppppperooo…
- No puedo- repitió bruscamente y volvió con el plumero.
Había colmado la paciencia de la araña; ella había tratado de dialogar, pero no había funcionado. Así que se dirigió hacia su cuello, la mordió y lo último que vio fue el cuerpo de la mujer desplomándose en el suelo.

Lurdes Copa López


Cuentos tradicionales

Si creíste que conocías todas las versiones sobre “Caperucita Roja”, te invitamos a que leas una versión inédita hasta aquí, que emergió de entre los escritores de “Lavalle”.



“Atrapado con salida” (o “Caperucita Ecológica”)

Había amanecido, y los débiles rayos del sol iluminaban al pueblo de Siber. La gente ya empezaba las actividades diarias, pero Caperucita Azul seguía dando vueltas en su cama: no quería ir hasta el bosque a llevarle las cosas que su mamá había preparado cuidadosamente en la canasta. Finalmente se levantó, desayunó y emprendió su viaje.
A medida que avanzaba internándose en el bosque, la empezó a asustar un quejido que se oía desde lejos; para su sorpresa y temor, a cada paso se oía cada vez más cerca… Pero la tranquilizaba el hecho de que ya estaba cerca de la casa de su abuela. Cuando desde lejos comenzó a ver la casa, también vio que su abuela estaba afuera.
Pensó que estaba esperándola, por lo que empezó a correr hacia allá, pero algo la sorprendió…
- ¡Abuela! ¿Qué estás haciendo ahí agachada?- dijo.

- ¡Hola, Caperucita! Decidí que este año no voy a hacerme un saco tejido…
- ¿Y qué vas a ponerte cuando llegue el invierno?- Le preguntó Caperucita.
- Puse trampas para lobos por todo el bosque y acabo de cazar uno- le dijo la abuela, dándose vuelta con un lobito entre sus manos.
- ¡Abuela! ¿Cómo vas a hacerle eso a un animalito? – dijo Caperucita triste y sorprendida, mientras la abuela sacaba al cachorro lastimado de la trampa.
Caperucita corrió hasta el lugar donde la abuelita estaba parada con el lobito, lo tomó entre sus brazos y lo acarició.
Le pidió a la abuela que pensara nuevamente lo que había decidido hacer con él. La abuela se mostró arrepentida, ambas lo curaron y lo dejaron ir.
La abuelita y Caperucita Azul retiraron del bosque todas las otras trampas. Caperucita volvió bien temprano la semana siguiente con mucha lana para que la abuela se tejiese un gran abrigo para el invierno que se aproximaba.

Candela Cuenca


“My Inmortal!”

Me miró fijamente a los ojos, provocándome escalofríos. Sus ojos, de un rojo intenso, estaban completamente abiertos, sus pupilas dilatadas. Tenía hambre, y yo sería su próxima víctima.
Se acercó lentamente hacia mí.
- No te muevas - me ordenó. Dio dos pasos al frente e inconcientemente yo retrocedí uno.
- Quedate quieta – volvió a ordenarme - no te haré daño.
Iba a echarme a correr, pero algo en su voz, quizás la forma en que me lo dijo, hizo que le creyera.
Lo examiné con la mirada: vestía una chaqueta negra, abierta, dejando ver su pecho, unos jeans sucios y unas zapatillas viejas. Era alto, tenía la piel blanca como un papel., y ya sabía por qué. Llevaba pequeñas trenzas en su cabellera negra, y un piercing en el labio inferior derecho. Estaba algo lastimado: un par de raspaduras en la parte izquierda del labio y un corte algo grande en la ceja derecha.
Cuando me di cuenta, ya estaba a mi lado, sabía que eran rápidos, pero nunca imaginé que lo fuera de tal modo que ni siquiera pudiera verlo. Acercó su rostro hasta el mío, parecía olerme. Se dirigió a mi cuello con sus colmillos filosos afuera. Y fue ahí cuando pensé que mi vida acabaría esa noche.
- Podría matarte ahora mismo – me susurró- pero sería una gran pérdida.
Se alejó de mí, en menos de un segundo ya se encontraba a dos metros de ni lado.
Volvía a encontrame sola en aquel bosque, en donde hacía tan sólo unos segundos podría haber muerto.
Desde ese día volvía cada noche a aquel bosque, quería encontrarlo, quería responder esas preguntas que no me dejaban tranquila desde esa noche. ¿Por qué no me había matado? ¿Por qué dejó que escapara? ¿Qué me pasaba que no podía sacarlo de mi cabeza?
Son tantas preguntas y necesito las respuestas. Sé, estoy segura de que él las tiene. Después de todo, no me sentí amenazada por él.
Continuará…

Verónica Nuñez


¿Quién dijo que Adán y Eva necesitaban el Edén?

Luego de haber leído los Diarios de Adán y Eva, de Mark Twain, los chicos de primer año escribieron diferentes versiones a partir del momento en que Adán y Eva fueron expulsados del paraíso. Pero esta vez, un narrador en tercera persona contaría lo ocurrido. Veamos…

Al salir del paraíso, Adán le dijo a Eva:
-         ¡Huy, se enojó!
Eva le contestó:
-         Para mí que estaba chinchudo… ¿Se habrá peleado con alguien?  ¿O, simplemente, se despertó de malhumor? …Tranquilo, ya nos debe estar buscando para que lo perdonemos y volvamos.
Se quedaron toda la noche despiertos. Al día siguiente, Adán le dijo a Eva:
-         Ey, ¿no era que iba a venir a pedirnos perdón y a regresarnos allí?
-         Bueno, puede ser que me haya equivocado-. Esperaron un rato más, luego ambos se miraron y dijeron:
-         Ya fue, hagamos nuestra vida sin depender de él.
Eva calló y se sonrojó, Adán disimuló los sentimientos hacia Eva.
Luego ella tomó una flor que estaba en un árbol y se la regaló a su compañero; él, sorprendido, le dio las gracias y también un beso en el cachete. A Eva  se le dio por saltar de felicidad…
Y se fueron a continuar sus vidas.  

            Abigail Oliva